Agosto. Ese mes en el que las ciudades se vacían y todos parecen amontonarse en los mismos sitios. Playas con más toallas que arena, chiringuitos donde conseguir una mesa se convierte en una gesta heroica y carreteras que se convierten en auténticos desfiles de paciencia. Pero tranquilo, desde ya te anunciamos que otro agosto es posible, menos ruidoso y mucho más agradable. Para ello, tenemos que poner el foco en los municipios de interior donde la calma no se toma vacaciones.
Son lugares donde en las plazas apenas corretean un grupo reducido de niños, donde las fuentes compiten con el canto de los grillos y donde las campanas marcan las horas para un puñado de vecinos. Así que, si eres de los que huye de las multitudes y prefiere ver a un rebaño de ovejas pasar por delante de su casa, antes que levantarte temprano para conseguir una hamaca, este es tu artículo. Te proponemos diez pueblos ideales para perderte, respirar hondo y descubrir un verano diferente, alejado de multitudes.
Trevélez (Granada)

A más de 1.500 metros de altitud, Trevélez presume de ser uno de los pueblos más altos de La Alpujarra granadina, lo que significa que aquí el calor en verano es algo más llevadero. El municipio está encajado en las laderas del Mulhacén, en medio de barrancos y cumbres, lo que le convierte en el lugar ideal para la práctica de senderismo.
Su casco urbano, formado por tres barrios claramente diferenciados -alto, medio y bajo- desciende hasta las orillas del río Trevélez, donde abundan las truchas. Así que, si hacemos cuentas: truchas más jamón, su producto estrella, el plato local es una exquisita trucha con jamón. ¿Lo probamos?
San Vicente de la Sonsierra (La Rioja)

Entre viñedos y suaves colinas, en la comarca de Rioja Alta, San Vicente de la Sonsierra se levanta con la serenidad de quien lleva siglos observando el río Ebro. Su silueta, dominada por el castillo y la iglesia de Santa María la Mayor, es uno de esos secretos riojanos que muchos pasan por alto, y por eso conserva su aire pausado incluso en agosto.
Su castillo guarda unas vistas impresionantes del valle del Ebro y de los mares de viñas que se extienden hasta el horizonte. Las murallas, la Plaza Mayor y las callejuelas empedradas invitan a un paseo lento, con paradas para saborear un buen vino en cualquiera de sus bodegas
Medinaceli (Soria)

En lo alto de un cerro, Medinaceli observa impasible la llanura soriana. En este municipio, declarado Bien de Interés Cultural, su joya es el arco romano de los siglos II y III, único en España con tres arcadas.
A partir de ahí, todo en esta villa son huellas que dejaron los romanos, árabes y cristianos: la colegiata de estilo gótico tardío, construida en el siglo XVI, la talla de Cristo de Medinaceli del siglo XVI, el convento de Santa Isabel, fundado en 1528 por las monjas clarisas, y un suma y sigue de edificios históricos y civiles que no querrás dejar de visitar.
Calaceite (Teruel)

Calaceite es uno de los conjuntos urbanos mejor conservados de la comarca turolense del Matarraña, con numerosas casas señoriales, capillas, ermitas y portales que cuentan historias de siglos pasados.
Y aunque aquí todo es bonito, de ahí que en 1973 fuese declarado Conjunto Histórico Artístico, hay algunas calles que destacan más, como es el caso de la calle Maella, el estilo de sus vivencias la convierten en la más señorial, o la calle Mayor, donde se ubican imponentes y nobles construcciones del siglo XVIII. Por supuesto, sus restos barrocos y góticos se entremezclan en sus casas de piedra, decoradas con escudos, balcones…
Castellfollit de la Roca (Girona)

Este es uno de los pueblos más fotografiados de Cataluña por su belleza natural. ¿Su secreto? Su espectacular ubicación sobre un risco de basalto de 50 metros de altura y de casi un kilómetro de largura, recortado por el río Fluvià.
Sus casas parecen suspendidas en el aire y sus estrechas callejuelas desembocan en la antigua iglesia de Sant Salvador, en el extremo del risco, donde se halla un mirador con vistas que quitan el hipo. Este municipio es una de las puertas de entrada al Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa. Así que, podrás combinar localidades con encanto con rutas de senderismo, ¿te unes al plan?
Porreres (Mallorca)

Sí, aunque no te lo creas, Mallorca también tiene lugares tranquilos en agosto. Porreres es uno de esos secretos, un pueblo de interior, de aproximadamente 5.500 habitantes, donde la piedra dorada de las casas y el verde de los almendros se combinan con la calma absoluta.
En su plaza principal, las terrazas invitan a tomar un café o una copa de vino mientras los vecinos que se cruzan te saludan con naturalidad. La iglesia de Nuestra Señora de la Consolación y el santuario de Monti-sión, situado en un pequeño monte a 3km de la localidad, dominan el paisaje, y desde el mirador del santuario, el atardecer pinta la isla de oro.
Ampuero (Cantabria)

En el corazón del valle del Asón, Ampuero se esconde entre verdes prados y montañas suaves. Famoso por sus fiestas en septiembre, en agosto es un remanso de paz donde el único sonido es el del río Asón, un excelente río salmonero que cruza el pueblo con calma.
Las casas montañesas con balcones corridos y galerías acristaladas conviven en armonía con vivencias de clara influencia indiana, construidas en el siglo XIX. Pero aquí el plan perfecto es visitar el santuario de la Bien Aparecida, patrona de Cantabria.
Salvatierra (Álava)

En la comarca de la Llanada Alavesa se encuentra Salvatierra, una villa medieval, que como tal, estuvo amurallada durante varios siglos. En aquella época, el pueblo tan sólo tenía tres calles, y ahora esas son las que conforman el casco histórico y artístico de la localidad.
En él verás un gran número de edificios monumentales como las iglesias–fortaleza de San Juan y Santa María, las Casa de las Viudas (el edificio civil más antiguo del municipio), la Casa de los Begoña y un largo etcétera.
Aledo (Murcia)

En lo alto de una colina, Aledo domina el valle del Guadalentín con un aire altivo y sereno y se presenta al viajero ofreciendo todo el protagonismo a su seña de identidad, su Torre del Homenaje.
Las calles estrechas y empedradas, la iglesia de Santa María La Real y los restos de muralla completan la postal de este pequeño pueblo murciano que parece haberse detenido en la Edad Media. En agosto, la brisa de la Sierra Espuña refresca las tardes, y el silencio sólo lo rompen los vencejos que cruzan el cielo.
Gallipienzo (Navarra)

Gallipienzo, en Navarra, es uno de esos municipios que parecen suspendidos en el tiempo. Situado en lo alto de una colina, ofrece unas vistas espectaculares del río Aragón y del paisaje semiárido que lo rodea. Sus calles empedradas, casas de piedra y rincones silenciosos invitan a perderse sin prisas.
Es conocido como uno de los pueblos más antiguos de Navarra y guarda intacto su encanto medieval. La iglesia de San Salvador y el mirador son paradas obligatorias para disfrutar de su esencia. Su entorno natural es perfecto para hacer rutas y observar aves en las cercanas foces de Lumbier y Arbayún.
Miryam Tejada
Mi título universitario dice que soy licenciada en periodismo, pero realmente soy una todoterreno a la que le pilló la transición del mundo analógico al digital de pleno. Es decir, soy millennial, y eso lo que conlleva, según las habladurías, es que me dejo llevar y priorizo mi bienestar. O lo que es lo mismo, soy una apasionada de los viajes y las experiencias, del simple hecho de tomar unas cervezas entre amigas, organizar una buena comilona en la sociedad con sobremesa larga incluida o pasar las tardes en el parque con mis gemelos.