
-En agosto me voy al pueblo.
-¿De qué pueblo eres?
-De Rubielos.
-¿De Rubielos de Mora o de Mora de Rubielos?
Es una pregunta que se hace bastante en la costa mediterránea, donde viven muchos de los descendientes o familiares de estos dos pueblos de Teruel. Pero, ¿de cuál hablamos? Quizás el interlocutor responda, tajantemente, de la siguiente manera: “Del bonito”. ¿Y cuál es el bonito? Bueno, eso lo dejamos a vuestra elección. A nosotros nos gustan los dos, pues tienen ese encanto rural típico del interior turolense con toques medievales (vamos, que no nos mojamos). Os invitamos a pasear por ambos y a hacer lo mismo, ya que están muy cerca: a 12 kilómetros, apenas 10 minutos en coche.
Rubielos de Mora, un gran patrimonio por haber sido un paraíso fiscal medieval

Empezamos con el que está reconocido como uno de “los pueblos más bonitos de España”. Antes ya recibió el premio Europa Nostra en 1983, un galardón de la Unión Europea a los municipios mejor conservados. Y es que, aunque Rubielos de Mora ya perdió la fortaleza de tiempos pasados, en la actualidad es, al completo, una joya medieval. Por si fuera poco, también está en el listado de “ciudades lentas” del movimiento italiano CittaSlow.
Pero ya está bien de medallas. Vamos a ver qué hay realmente en Rubielos de Mora. Como pueblo lento, hay que verlo al ritmo que marcan los pies, caminando. Así que dejaremos el coche en el aparcamiento público. Pronto nos atraerán sus numerosas casas solariegas (algunas realmente enormes) y palacios con elementos que revelan el caché que tenían las personas que lo construyeron: escudos de armas en piedra, balcones con forja, vigas de madera…

Lo que hoy es un precioso tesoro de la época medieval, antes serían verdaderos casoplones de gente muy adinerada que despertaría envidias (bueno, quizás ahora también). ¿Por qué había tanta riqueza en este pequeño pueblo al sur de la turolense sierra de Gúdar? Todo tiene una explicación: el rey aragonés Pedro IV El Ceremonioso concedió al pueblo el título de villa en 1366, como premio por su resistencia frente a las tropas castellanas. Eso se traducía en que los habitantes no tenían que pagar impuestos durante un gran período de tiempo, generando un efecto llamada que atrajo a nobles del País Vasco, Navarra y Cataluña que querían ahorrarse un dinero. Vamos, como los youtubers que buscan beneficios fiscales en Andorra.
Toda esta riqueza arquitectónica le ha valido el nombre de “Corte de sierra”. Entre las más de 20 casas nobles que están catalogadas como tal, destacamos las de los condes de Florida y la de los marqueses de Villasegura, una de las más grandes del pueblo y que en su esquina tiene la capilla del Pilar. La mayoría son de propiedad privada, por lo que no son visitables.

Como decíamos, de la antigua muralla medieval apenas quedan unos pocos vestigios como dos torres de entrada: el portal de San Antonio y el del Carmen. A intramuros, está la excolegiata de Santa María la Mayor, en cuyo interior destaca su gran retablo gótico. También la Casa Consistorial, que es el edificio civil más monumental del pueblo, de estilo renacentista y que originalmente se construyó como lonja de pescado (en la parte alta estaba el granero). La mejor manera de conocer a fondo el conjunto histórico-artístico de Rubielos de Mora es asistiendo a una de las rutas guiadas que ofrecen en la oficina de Turismo a un precio muy económico.
Hablando también de historia, pero un poco más lejana, es interesante visitar el museo Región Ambarina de Rubielos de Mora. Es una sede de Dinópolis que exhibe animales prehistóricos, con la réplica de un moropus, un mamífero ya extinto. El centro tiene la peculiaridad de que está construido sobre un lago fosilizado, donde se han descubierto insectos que convivieron con dinosaurios hace más de 100 millones de años.
Mora de Rubielos y su espectacular castillo

Seguimos la ruta por la cercana Mora de Rubielos. ¿Será tan bonita? Sí, lo es. Aquí, antiguamente, la vida giraba alrededor del castillo de Mora, que actualmente es de los mejor conservados de Aragón. Data del año 1198, cuando el rey Pedro I de Aragón se lo donó al noble y militar Pedro Ladrón de Guevara para su defensa. Estaba protegido por un foso, del que hoy se aún se conserva una parte en la fachada norte.
Las guerras hicieron que fuera cambiando de manos y que pasara a ser residencia de la familia Fernández de Heredia, conocida por haber sufragado montones de obras artísticas. Eran como unos precursores de los Médici de Italia. Siglos después, el edificio fue convento franciscano, cárcel y cuartel militar. Tras ser abandonado, empezó su restauración en 1972.

Pero Mora de Rubielos es mucho más que su fortaleza. Hay que ir a la plaza de la Villa, donde está la Casa Consistorial del siglo XVIII. Aquí, solo el ruido de los motores recuerda que no estamos en la Edad Media. Al cruzar la puerta de Rubielos o el portal de la Villa, que comunica la parte vieja con la nueva, nos adentramos en los encantos de un municipio declarado Conjunto Histórico Artístico en 1978. De nuevo, nos rodean edificios de familias adineradas, especialmente en la calle de Las Parras, travesía en la que destaca el caserón de los Cortel de la Fuen del Olmo.
La ruta sigue atravesando entradas históricas al núcleo antiguo como el portal de Alcalá o el Portal de Cabra; pasa junto a otra casa de los Fernández Heredia; al puente del Milagro, que lleva al barrio de Santa Lucía, donde están las ermitas del pueblo; o a la plaza de la Iglesia, dominada por la fachada de la excolegiata de Santa María del siglo XV (sí, hay otra aquí).
Entre tanto paseo, es fácil que se nos abra el apetito. No olvidemos que estamos en Teruel. Dos imprescindibles de su gastronomía que hay que probar son el jamón y sus elaborados con trufa. Ahora toca decidir dónde comer: ¿en Rubielos de Mora o en Mora de Rubielos?
Raquel Andrés
Periodista y aventurera. Me has podido leer en Escapada Rural, Diari Nosaltres La Veu, La Vanguardia, El Salto y otros medios. Habitante y amante de las zonas rurales, sea cual sea el destino. Procuro escaparme una vez por semana con las botas de montaña, el arnés o el neopreno. También soy un intento de baserritarra.