Las cascadas de la Rambla de Puça, una joya natural escondida en Alicante

Escrito por
26.08.2025
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Cascada de la Rambla de Puça (Alicante). Por Clive.
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En el mar o en la montaña, el agua tiene un poder de atracción muy fuerte para las personas a la hora de escoger un destino al que viajar. Quizá sea porque es esencial para la vida, o porque verla y oírla es una herramienta infalible para mantenerse en paz. O todo a la vez, da igual: la cuestión es que la playa, el río, los saltos de agua y los lagos aparecen en muchos planes de ocio. Por eso, la ruta de las cascadas de la Rambla de Puça, en Petrer (Alicante) es perfecta para disfrutar de este elemento de la naturaleza y sus dos compañeros: la tierra y el aire.
Cómo llegar a las cascadas de la Rambla de Puça en Petrer

La ruta a las cascadas de la Rambla de Puça mide poco más de ocho kilómetros. Está catalogada como fácil en cuanto a nivel de dificultad, se completa en unas tres horas y media (depende de las paradas que se hagan). El desnivel –positivo y negativo– es de 150 metros y se alcanza una altitud máxima de 597 metros.
El camino parte del centro histórico de Petrer, en el aparcamiento que hay bajo el puente y que hay que cruzar por debajo para ponerse en marcha. El primer tramo es estrecho pero, una vez avanzados unos metros, se abre al campo. Por la senda se pueden ver cuevas usadas como casas y molinos que ya no tienen vida, aunque en su momento se utilizaron para moler cereal gracias a la fuerza del agua.
Un poco más adelante, hay que salvar una carretera y la rambla se estrecha por las paredes de la montaña. Allí se encuentra la fuente de la mina del molino del Turco, bajo una horadación en la piedra a la que se conoce como ‘ventana mágica’. El recorrido avanza hasta el molí del Salt, del que aún se conservan algunos restos y que tiene detrás un salto de agua.

Para llegar a la siguiente cascada, que es una de las más llamativas de la ruta, hay que utilizar una pasarela que cruza por detrás del molino y que se desvía un poco del camino principal. Se trata del salto de la Rambla de Puça, que tiene 15 metros de altura y una balsa de agua a sus pies, siempre que la sequía no haya afectado a su cauce.
De vuelta a la senda principal, se puede seguir el transcurrir del río hasta encontrar otras cascadas y molinos, aunque los saltos ya son más bajos. A partir de aquí, se puede tomar la decisión de dar la vuelta y regresar al punto de inicio.
Recomendaciones para realizar la ruta
Desde la oficina de Turismo de Petrer recomiendan “hacer la ruta una vez finalice la temporada estival y hayan caído las primeras lluvias para asegurar un mínimo de cauce”. Con el calor que ha hecho durante este verano de 2025, y la ausencia de lluvias durante semanas, “es bastante probable que el nivel de agua sea mínimo o directamente inexistente”, han comentado a EscapadaRural. Por lo tanto, el otoño y la primavera son las mejores estaciones del año para hacerla.
El castillo de Petrer: la joya de su patrimonio

Como la ruta de las cascadas de la Rambla de Puça parte del centro histórico de Petrer y termina en el mismo punto, se puede aprovechar para conocer el casco urbano antes o después. El pueblo se encuentra en la comarca del valle del Vinalopó, concretamente en Medio Vinalopó, en Alicante. Junto a Elda, conforma una conurbación de más de 80.000 habitantes.
El principal elemento del patrimonio de Petrer es su castillo, situado en lo alto de su territorio. Su origen data de la segunda mitad del siglo XII y su función inicial era controlar el tránsito entre el litoral del Mediterráneo y la meseta. En el año 1265, los musulmanes se hicieron con él y, posteriormente, pasó a manos de Alfonso X de Castilla con la ayuda de Jaime I de Aragón. Más tarde fue vivienda de diferentes familias nobles, como la de los condes de Cocentaina, entre otras, hasta que se abandonó en el siglo XVII.
Tras años descuidado, en los años 70 se reconstruyó y, en la década de los 80, fue declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento. En la actualidad se encuentra en perfecto estado y se puede visitar (es recomendable consultar antes los días de apertura con la oficina de turismo ya que, en ocasiones, se realizan labores de mantenimiento). En la fortaleza también se pueden conocer las casas cueva. Fueron construidas por los habitantes más necesitados del pueblo a finales del siglo XIX, después de que la parroquia de San Bartolomé, propietaria del castillo en aquel momento, les alquilase los terrenos de alrededor.
Qué más ver en Petrer

Además, en relación con la fortaleza, en el pueblo se encuentra el conocido como arco del castillo. Se trata de una ‘puerta’ a la villa que, durante la Edad Media, se cerraba por la noche para proteger a los habitantes de asedios, robos y cualquier otro peligro. Dentro de ese núcleo urbano también está el horno romano que, a día de hoy, se puede visitar.
Los romanos estuvieron en la zona de Petrer entre los siglos I y VI d. C. Fueron quienes establecieron las bases de lo que actualmente se considera el origen del pueblo: la villa Petraria. Había un taller de alfarería en el que se cocían tejas, así como otros materiales de construcción que se encontraron durante un trabajo arqueológico que se llevó a cabo entre 2007 y 2008. En 2025 se inauguró su restauración.
En su patrimonio religioso destaca la iglesia consagrada a Bartolomé, el patrón del pueblo. El templo actual se elevó en 1758, después de la demolición de uno anterior que a su vez fue construido sobre una antigua mezquita. Se concluyó en 1863 y, en ella, destacan la cúpula azul de crucero y el escudo del conde de Puñonrostro, quien impulsó la obra. Asimismo, en la localidad también hay dos ermitas: la de San Bonifacio Mártir y la del Santísimo Cristo de la Sangre del Monte Calvario.
Para conocer más acerca de la historia de Petrer es recomendable pasarse por el Museo de Dámaso Navarro, que lleva el nombre del fundador del grupo arqueológico de Petrer en los años 80. Allí, además de exponer documentos y muestras de los hallazgos arqueológicos, también se imparten talleres relacionados con la tradición de la localidad como, por ejemplo, la elaboración de carasses o de arte rupestre.
Carmen López
Soy periodista y escribo sobre cosas que importan en sitios que interesan desde hace más de una década.